Celeste
La gallina que escapó de su sentencia de muerte

Celeste fue criada para poner huevos por una familia que tenía una pequeña empresa de venta de animales en un sector rural de la Región Metropolitana.

Un día, la hija menor de la familia, tuvo la idea de hacer un rescate del propio negocio y fue un éxito. De ese rescate llegaron Lucía y Celeste, quienes se convertirían en compañeras de aventuras inseparables.

Lucía es pacífica y tranquila, en cambio Celeste es curiosa, dominante y enérgica. Disfrutan de ir de un lado para otro buscando pequeños insectos, semillas o trozos de comida perdidos. Les encanta probar nuevas rutas y explorar lugares que antes no habían sido explorados.

Cuando empieza a oscurecer, Lucía y Celeste buscan abrigo y protección. Les gusta dar grandes saltos para alcanzar sitios difíciles de llegar, y dormir una al lado de la otra. Cada mañana temprano, comienzan su rutina, siempre probando nuevos caminos y explorando lugares desconocidos. Ambas se llevan muy bien con otros animales. No le temen a los perros ni reaccionan ante ellos, pero si reaccionan ante la presencia de las patitas Aurora y Leda. En esas pequeñas carreras donde las gallinas corretean a las patas, ellas definen quién tiene la supremacía sobre los terrenos más codiciados del área que comparten. Celeste como individuo, destaca por ser ágil, aguda, valiente y creativa. Genrealmente es ella quien toma la iniciativa. Es segura de sí misma, aunque cuando se trata de interactuar con los humanos, aún se pueden ver las secuelas que le produjo el haber vivido gran parte de su infancia en un verdadero campo de concentración.

Las explotaciones de gallinas para huevo, generalmente suelen encerrar dos animales adultos en el espacio que tiene una caja de zapatos. Les privan de la luz del sol, de la tierra, de la posibilidad de abrir sus alas y al final de esa vida miserable, son asesinadas para ser comidas.

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