Lucía
Una gallina que nació para ser esclava del negocio de los huevos.

Lucía al igual que Celeste, nació en una pequeña granja familiar. El funcionamiento de esa granja consistía en que las gallinas ponían huevos durante dos años, y luego eran asesinadas para comida. Una niña de la familia que mantenía el negocio, decidió darle la oportunidad de vivir una larga vida lejos de los parámetros que impone el beneficio propio. Cuando llegaron al santuario estaban llenas de excremento, y le tenían un terror inmenso a estar en espacios abiertos y a la presencia humana. El carácter de Lucía es muy particular, pues es una mezcla entre valiente y tímida. A ella le gusta ocultarse debajo de la casa cuando se siente desprotegida, pero cuando de comida se trata, no duda en acercarse incluso a comer de la mano.

Cuando estábamos construyendo en altura la casita para los humanos que viven en el Santuario, tuvimos la oportunidad de ver cómo Lucía hacía su rutina diaria. Para ella hay toda una serie de lugares que visitar y esos lugares tienen horarios de preferencia. Parte su recorrido bien temprano, saltando del banquillo donde les gusta dormir a buscar los primeros rayos del sol. En su estadía por el lado norte de la casa humana, aprovechan siempre de pasar por la huerta, a comer un poco de hojas frescas y pequeños bichitos al mismo tiempo que reciben los primeros rayos de luz. Más tarde, a la hora de máximo calor, se refugia entre los pilotes de la casa, en una zona pequeña en altura pero extensa, ventilada e iluminada. Cada vez que algo o la presencia de algún otro animal la asusta, recurre a ese lugar donde se siente segura. Por último, luego de una tarde en la zona sur de la casa, recibiendo los últimos rayos del sol, lucía se relaja y cuando empieza a oscurecer, vuelve al banquillo donde junto con Celeste, se sienten seguras como para dormir de corrido toda la noche, y por cierto, refugiarse del frío y del agua. Cada día es distinto y ella siempre está dispuesta a variar su rutina, dependiendo del clima y la presencia de otros animales.

Lucía, como todas las gallinas ponedoras de huevos, ha sido víctima de una inescrupulosa selección artificial, lo que hace que ponga huevos todos los días, en detrimento de su salud. La mortalidad antes de los tres años de vida es altísima en aves ponedoras, y su principal causa son enfermedades asociadas a la postura de huevos. Felizmente, al esterilizar a una gallina, ese proceso se detiene y pueden tener una larga vida en paz, dejando la esclavitud que le impuso el ser humano a su cuerpo de lado.

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